Voy a empezar por donde acaba todo, porque lo tengo clarísimo: el síndrome del impostor es inútil.
No sirve para nada. No te hace mejor productor, no te afina el oído, no te ordena la mezcla. Lo único que hace es mermarte y ponerte a discutir contigo mismo sobre si eres esto o no eres lo otro. Y total, ¿para qué? Si tú estás haciendo música, eres músico. No hay más.
No existe el carné de músico
Esto es lo primero que hay que asumir. Nadie está dando carnés de músico por ahí. No hay un organismo que valide, no hay un examen, no hay un papel.
Te podrán decir mil cosas. Que no eres músico porque no tocas un instrumento. Que no eres productor porque no vives de ello. Y lo que reflejan esos juicios, casi siempre, son inseguridades de quien los hace: su propia exigencia, su propia frustración y, a veces, directamente envidia.
Hacerle caso a eso no tiene ninguna justificación. Porque creerte algo o no creértelo no cambia nada: tú sigues siendo la misma persona y sigues haciendo lo mismo. Si haces música eres músico, le pese a quien le pese.
Luego, claro, hay niveles. Como en todo. Yo siempre pongo el mismo ejemplo: hay fontaneros con más conocimiento y más experiencia que otros, y todos desempeñan la labor. A mí ni siquiera me gusta decir que uno lo hace mejor o peor — lo hace distinto, con más o menos recorrido, y por eso a lo mejor uno da antes con el problema. Pero ninguno deja de ser fontanero.
Con la música pasa exactamente igual. Si haces música y no tocas ningún instrumento, o solo te sabes cuatro acordes y con eso ya estás componiendo, no significa que no seas músico. Significa que sabes lo que sabes. Y ya está.
La trampa del nivel: si no te lo crees ahora, no te lo vas a creer nunca
Esta es la parte que quiero que te lleves aunque no leas nada más.
Si ahora mismo, con lo poco que puedas saber, no te sientes músico, no te sientes productor, no te sientes ingeniero de mezcla — no lo vas a sentir nunca.
Nunca va a llegar ese momento en el que digas «vale, ya sí». Porque siempre vas a encontrar a alguien que sepa más, que tenga más años, que tenga más recorrido. Nunca vas a estar el primero. Si tu forma de validarte es llegar a un nivel, ese nivel se va a mover cada vez que te acerques.
Y si crees que eso se arregla triunfando, mira a los que ya han triunfado. Hay artistas llenando estadios que si les preguntas te dicen que son malos. Músicos que te dicen «yo no toco la guitarra, el que toca bien es aquel». Paco de Lucía terminaba un concierto en el que le habían hecho palmas y decía que había tocado fatal, horrible.
Eso ya es hasta falsa modestia, pero sirve para demostrar lo que digo: el problema no era el nivel. Nunca lo fue.
De dónde viene esto en realidad
Hay bastantes indicios de que el síndrome del impostor tiene menos que ver con tu habilidad y más con una herida emocional que llevas dentro, o con un programa mental que alguien te instaló y que tú compraste.
Tu familia, tus amigos, la gente de alrededor: en su forma de comportarse y de explicarte cómo funciona el mundo te dieron unas reglas, y tú dijiste «esto es verdad». No eres músico si no tocas un instrumento. Y luego cuando lo tocas, tampoco, porque aquel de allá lo toca mejor. Y cuando lo tocas bien, tampoco, porque no vives de ello.
Fíjate que la regla se mueve siempre. Eso pasa cuando la regla no es real: es un programa.
Y sobre lo de vivir de ello, ya que estamos: hay gente que vive de la música y lo hace mal. El dinero valida que alguien te paga, no que seas bueno.
Cuándo sí tienes un problema
Te voy a decir algo que no vas a leer en muchos sitios: si el síndrome del impostor no te paraliza, no pasa nada.
Puedes no creerte gran cosa y a la vez saber, ahí dentro, que lo que haces está chulo. Y tirar para adelante igualmente. Si estás sacando tu música y avanzando, de alguna forma ya te lo estás creyendo, aunque no lo digas en voz alta.
El problema llega cuando te frena. Cuando piensas «yo no soy músico, así que no voy a actuar en directo«. Cuando piensas «mi música no es suficientemente buena, así que para qué voy a mandarla a un sello o subirla a Spotify». Ahí sí que tienes un problema, porque esa idea te está quitando cosas de tu camino.
Yo lo he tenido, por supuesto. Empecé sacando en sellos ligados a la Discoteca Central —Arsenal Records, Hardcore Comeback— y cuando empezaron a llamarme para pinchar, en vez de estar orgulloso pensé que a lo mejor yo no pertenecía a eso. Y me sigue apareciendo hoy: no tengo la carrera de conservatorio de piano, y hay días —sobre todo desde que arranqué mi proyecto Vicente Roca, donde hago mucha más música de piano— en los que se me cruza la idea de que quizá no puedo ser un buen compositor.
La diferencia es que nunca me ha impedido avanzar. Pero sí me ha empequeñecido. Y eso también cuesta.
La parte de la que nadie habla: cobrar
Y aquí llega lo que menos se dice, porque no interesa decirlo.
Un colega te manda su álbum: «mézclamelo tú, que tú sabes». Y tú contestas: «bueno, va, pero no te cobro, porque yo no entiendo mucho».
Para. Ese tío te está buscando a ti para que le mezcles su álbum. Por algo será. Nadie le pide a un desconocido que le mezcle un disco por casualidad.
Es como si te llaman para ser camarero. ¿Le dirías «no, yo no soy camarero» y te irías? Puede que sea la primera vez que lo haces, y ahí sí coges el dinero sin problema. En la música, no. En la música hay tal cantidad de prejuicios y de exigencia puesta encima que la gente sabe hacer algo, se lo piden, y encima niega la parte que le corresponde.
Y pasa igual con los sellos. «Quiero que saques mi música». «Vale». «¿Y me vas a pagar algo?». «No». ¿Qué valoración te estás dando tú a ti mismo ahí?
Estamos aceptando un montón de cosas de las que nadie habla, porque nadie se atreve: por no perder un bolo, por no enfrentarse a un sello que luego no te saque, por no perder clientes. A mí sí me interesa hablarlo, porque lo que quiero es que la gente disfrute esto sin una losa encima.
Separa la duda emocional de la duda técnica
Ahora bien, hay una parte muy práctica que conviene distinguir, porque no todo lo que llamamos síndrome del impostor lo es.
¿Te suena algo de esto?
- «¿Será esta melodía buena o me lo parece porque llevo cuatro horas escuchándola?»
- «No sé si el kick suena bien. No sé ni cómo saberlo.»
- «Si subo esto y no le gusta a nadie, ya sé lo que soy.»
Fíjate en la segunda. Esa no es una duda emocional: es una duda técnica disfrazada. Saber si un kick suena bien no es cuestión de confianza, es cuestión de tener el oído entrenado y saber qué mirar. Y eso se aprende.
Y esa distinción importa mucho, porque la duda técnica sí se resuelve estudiando — y en cuanto la resuelves, desaparece de la lista y deja de alimentar a la otra. Es lo que trabajamos en mis cursos de mezcla y de teoría musical: no para que te creas nadie, sino para que puedas contestarte tú solo.
Lo que no se arregla estudiando es la otra parte. Por muchos cursos que hagas, nunca va a llegar el papel que te acredite. Ese no existe.
Qué hacer con esto
- No te enganches a los patrones de pensamiento de los demás. Solemos dar autoridad a quien está en cierto nivel, y eso tiene una trampa: si la autoridad la tienen ellos, tú no te la vas a dar nunca hasta llegar ahí. Y a lo mejor no llegas. Además, hay artistas buenísimos, grandes mezcladores y grandes músicos que ni se dedican a esto profesionalmente, y no dejan de serlo.
- Termina cosas y súbelas sin pretensiones. Grábate, súbelo a YouTube o a tus redes sin exigencia ninguna. Y no cuentes. No se trata de si lo disfrutan dos, veinte o cincuenta mil. Si le toca a alguien, y a alguien le tocará, ya es suficiente. Luego el universo ya te retornará lo que considere.
- No fastidies el rato bueno. Estás ahí con el ordenador, metiendo loops, haciendo cosas raras que se te ocurren, se te va el santo al cielo y dices «buah, cómo me lo he pasado». Y entonces lo estropeas pensando «esto no vale para nada». Claro que vale. Si te has divertido, ya vale. Con eso ya vale.
- Compárate contigo, no con los demás. Guarda tus proyectos y escúchalos cada seis meses. Es la única comparación que da información útil.
- Enseña tu música a gente que produzca. Un «está guapo» no te sirve. «El sub se te come el kick en el drop» sí. Y en mi canal suelto bastante de esto gratis.
- Cobra lo que corresponde. Si alguien te busca para hacer algo, es porque considera que sabes hacerlo. El instrumento de cambio en el mundo en el que vivimos es el dinero. Tú haces una cosa, te pagan por ella. Es simple.
Cómo hablarte a ti mismo
No se trata de creerse nada ni de ir de nada. Se trata de decirlo de forma austera, sin pretensiones: soy músico. Hago música. Ya está.
Mejor o peor, eso no me lo creo yo: eso ya lo valorarán los demás. Pero el hecho de serlo no está a discusión.
Si haces música con samples, eres músico. Estás creando algo de la nada, buscándote tus propios instrumentos, los que a ti te sirven. Si produces, eres productor, la hagas como la hagas. Si pinchas y metes loops, percusiones, cosas que tocas tú aunque sea poco y a tu manera, estás creando: eres artista. Lo siento por quien te diga lo contrario, pero lo eres.
Y hoy yo lo digo sin problema: me considero músico, me considero productor, mezclo, masterizo, toco el piano, toco la guitarra y me expreso con mi música. Soy un artista. Así es como te tienes que hablar tú.
De todo esto hablé largo y tendido en el podcast que grabé sobre el síndrome del impostor, por si prefieres escucharlo contado. Y si te apetece seguir por aquí, en este post te cuento por qué no terminas los tracks que empiezas, que suele ser la otra cara de lo mismo.
Ánimo, mucha música y cualquier cosa, no dudes en escribirme!
