La pregunta llega siempre igual: «Vicente, ¿qué me compro para montar mi estudio?». Y la respuesta honesta suele decepcionar un poco: probablemente mucho menos de lo que estás pensando.

He visto a gente con un setup de cuatro mil euros sacando tracks mediocres, y a gente con un portátil y unos auriculares de cien euros sacando mezclas que suenan de escándalo. El equipo no hace la música. Pero hay un orden inteligente para gastar el dinero, y ese sí que existe.

Nivel 0: con lo que ya tienes

Ordenador y auriculares. Punto.

Cualquier ordenador de los últimos cinco o seis años con 16 GB de RAM y disco SSD mueve un proyecto de electrónica sin despeinarse. Y unos auriculares, los que sea, para empezar.

Con eso ya puedes hacer un track completo. No es una frase motivadora: es literal. Añade la prueba gratuita de un DAW y ya estás produciendo esta tarde.

Nivel 1: las dos primeras compras

1. Unos auriculares de estudio

Si solo vas a comprar una cosa, que sea esta. Los auriculares de consumo están coloreados a propósito: exageran los graves y los agudos para que la música te suene más «chula». Y si mezclas con eso, estás mezclando sobre una mentira.

Busca auriculares de estudio, de monitorización. Los cerrados aíslan más; los abiertos suenan más natural pero se oyen desde fuera. Con lo que valen unos buenos cascos de gama media tienes de sobra para años. Si quieres una recomendación concreta: yo uso Audio-Technica y también recomiendo Beyerdynamic. Por un precio entre cien y doscientos euros tienes unos auriculares de nivel profesional.

2. Una tarjeta de sonido

Aquí voy a matizar lo que se suele leer por ahí. La tarjeta integrada de tu ordenador no es tan mala como la pintan: si vas a hacer toda tu música desde el ratón —escribiendo melodías, armonía y ritmo directamente en el editor MIDI, sin tocar nada en directo—, es muy probable que te sobre con ella.

Donde sí se nota es en dos casos concretos. Si te gusta tocar con un teclado MIDI y notas que el sonido llega con retraso respecto a lo que pulsas, eso es la latencia de la tarjeta integrada, y ahí una interfaz de audio lo arregla. Y si grabas cualquier cosa —voces, guitarra, lo que sea—, tarjeta sí o sí: sin ella, grabar es un infierno.

Si te decides, no hace falta gastarse mucho. Yo tengo la Universal Audio Volt, y las hay a precio muy económico con solo dos entradas y dos salidas — de sobra para lo que necesitas.

Nivel 2: cuando ya produces con regularidad

3. Un teclado MIDI

No hace falta que sepas tocar el piano. Un teclado de 25 o 49 teclas te cambia la forma de componer: tocar una idea es más rápido y más natural que dibujarla con el ratón, y las melodías salen distintas. Más humanas.

Si además quieres entender qué estás tocando en vez de ir probando teclas, ahí es donde el curso de Teoría Musical multiplica lo que sacas del teclado.

En marcas no hay mucho misterio: Akai, Novation y Native Instruments llevan años haciendo controladores fiables y baratos, y con cualquiera de sus modelos de entrada tienes de sobra.

4. Monitores de estudio

Ojo con este, porque es donde más gente se equivoca de orden.

Unos monitores buenos en una habitación sin tratar te van a mentir igual o más que unos auriculares. La habitación colorea muchísimo: las paredes paralelas, las esquinas y el suelo te generan refuerzos y cancelaciones que no están en tu música.

Por eso, si tienes presupuesto para monitores o para tratamiento acústico, empieza por el tratamiento. Y si no tienes para ninguna de las dos, sigue con auriculares sin ningún complejo: se puede mezclar perfectamente con ellos.

En marcas, los KRK Rokit son el clásico de entrada en cualquier estudio doméstico, y Yamaha —con su serie HS— y Behringer también tienen opciones muy fiables a buen precio.

5. Tratamiento acústico

Y aquí una aclaración importante, porque es la confusión más extendida: las hueveras y las espumas finas no hacen nada. Absorben solo agudos, que es justo lo que menos problema te da, y encima dejan la sala apagada y falsa.

Lo que de verdad funciona son trampas de graves en las esquinas y paneles absorbentes gruesos en los puntos de primera reflexión: las paredes laterales a la altura de tus oídos, y detrás de los monitores. Puedes hacerlos tú con lana de roca y tela por bastante poco dinero.

Y lo primero de todo, que es gratis: coloca bien la mesa. Tú y los dos monitores formando un triángulo equilátero, los altavoces a la altura de tus oídos, y sitúate a un tercio del largo de la habitación, mirando hacia la pared corta.

Lo que probablemente no necesitas

  • Un micrófono caro, si no grabas voces. Y si las grabas de vez en cuando, uno de condensador básico te sirve.
  • Sintetizadores hardware. Suenan de maravilla y son un vicio precioso, pero no te van a hacer mejor productor. Los plugins de hoy están a un nivel altísimo.
  • Controladores grandes tipo Push o Maschine. Son estupendos si ya tienes un flujo de trabajo definido. Si no lo tienes, son cacharros bonitos que acumulan polvo.
  • Un ordenador más potente. Si te va justo, congela pistas y renderiza a audio. Eso resuelve el noventa por ciento de los problemas de CPU sin gastar un euro.
  • Más plugins. Con lo que trae tu DAW puedes hacer un disco entero.

El orden si tuviera que empezar de cero

  1. Ordenador que ya tengas + DAW en prueba gratuita. 0 €
  2. Auriculares de estudio.
  3. Licencia del DAW cuando sepas que esto va en serio.
  4. Tarjeta de sonido.
  5. Teclado MIDI.
  6. Tratamiento acústico casero.
  7. Monitores.

Fíjate en que los tres primeros pasos te dejan produciendo de verdad, y son la parte más barata de la lista. Todo lo demás es mejorar la experiencia, no desbloquear posibilidades.

Dónde está el rendimiento real de tu dinero

Voy a ser directo: el mejor euro que puedes invertir no es en equipo, es en saber usar el que tienes.

He visto mezclas hechas con auriculares de ciento cincuenta euros que suenan mejor que mezclas hechas con monitores de dos mil, y la diferencia no era el equipo, era el criterio de quien estaba delante. Unos monitores mejores te dan más información, pero si no sabes interpretarla no te sirven de nada.

Por eso, si estás dudando entre gastarte el dinero en un monitor mejor o en aprender a mezclar de verdad, no lo dudes: aprende a mezclar. El equipo lo puedes ir mejorando toda la vida; el criterio, una vez lo tienes, ya no lo pierdes.

Y si estás en el punto de «tengo el ordenador y no sé por dónde empezar», ahí tienes la guía para empezar desde cero.

Ánimo, mucha música y cualquier cosa, no dudes en escribirme!