El progressive house es de los géneros más difíciles de hacer bien, y no porque sea técnicamente complicado. Es difícil porque tiene una identidad muy concreta: si te sales del camino aunque sea un poco, deja de sonar a progressive y pasa a sonar a otra cosa que no es de nadie.

Llevo años produciendo este género y montando tracks completos delante de la cámara para mis alumnos en el curso de Progressive House. Lo que viene ahora es el orden que sigo yo, de la primera decisión al máster final. Doce pasos.

1. Empieza por las referencias, no por los sonidos

Este es el paso que más gente se salta y el que más caro se paga.

No puedes hacer un track de un estilo con una identidad tan concreta yendo a tu bola. Necesitas patrones claros y una referencia concreta que seguir para no salirte del camino — y, de paso, para que después te resulte fácil firmar en sellos relacionados con esos artistas.

Lo que hago: entrar en Beatport, ir al género Progressive House y mirar el top 100. De ahí elijo dos o tres temas que me gusten mucho y esos son mis referencias durante todo el proceso. Si sigues el género ya tendrás tus artistas — Hernán Cattáneo, Guy J, Nick Warren, Ezequiel Arias son los estandartes. Si acabas de llegar, ahí tienes por dónde empezar a escuchar.

Dos o tres. No quince. Con quince referencias no tienes dirección, tienes ruido.

2. Define la idea antes de tocar un botón

Mucha gente no es consciente de este paso, así que trabaja de forma muy intuitiva y eso les acaba llevando fuera de lo que es un track de este tipo.

Yo defino la idea desde el principio, apoyándome en las referencias y en mi gusto. Y me gusta moverme entre pocas posibilidades, porque cuantas más opciones tienes abiertas, más se dispersa la cabeza mientras produces.

Divido la idea en tres secciones:

  • La melódica — y dentro de ella decido si voy a hacer algo más rítmico, algo más secuenciado o algo más melódico propiamente dicho.
  • La percusiva — qué papel va a tener el groove.
  • La emocional — qué tiene que sentir quien lo escuche.

Decidir esto antes de abrir un sintetizador te ahorra semanas. Es la diferencia entre producir con rumbo y producir a ver qué sale.

3. El kick y el bajo: la base que sostiene todo

Aquí es donde se decide si tu track va a sonar profesional o a maqueta, y donde más gente se atasca.

Mi consejo poco romántico: no intentes diseñar el kick perfecto desde cero cuando estás empezando. Parte de un kick que ya funcione en el género. Existen herramientas —yo uso mucho Drum Clone, y también Kick 2— que te permiten llegar rápido a un sonido de calidad, y eso hace que enseguida notes que estás haciendo música de verdad en vez de pelearte tres semanas con una envolvente.

Lo importante del kick no es de dónde salga: es que esté afinado a la tonalidad de tu track y que le hagas sitio al bajo. Te lo cuento entero en el post del kick potente.

4. El loop de percusión: aquí vive el groove

Para conseguir el sonido de percusión que tienen los grandes del género hay que usar sonidos muy concretos y trabajarlos de una forma muy concreta. No vale cualquier sample.

Y lo más importante del progressive house es conocer el ritmo de la percusión, que en realidad es sencillo: se basa en tres patrones que se combinan entre ellos. Cuando entiendes esos tres patrones, el groove del género deja de ser un misterio y pasa a ser algo que puedes reproducir a voluntad.

Ese es el momento en el que la mayoría de mis alumnos dice «ahora sí suena a progressive».

5. Atmósferas, pads y texturas: la profundidad

Con kick, bajo y percusión tienes un loop. Todavía no tienes un track de progressive, porque le falta lo que define al género: la profundidad.

Un detalle práctico que cambia mucho: la atmósfera es algo lento, no va al ritmo rápido de la percusión. Necesita longitud para desarrollarse. Antes de empezar a trabajarla yo alargo esa parte del track, porque en ocho compases no cabe.

Y ahí trabajas por frases: del compás 33 al 41 una frase completa, del 41 al 49 la siguiente. Pensar en frases y no en compases sueltos es lo que hace que el pad respire en vez de repetirse.

6. La estructura: cópiala, en serio

Cuando estás empezando, mi recomendación es copiar la estructura directamente de una canción profesional. Sin complejos.

¿Por qué? Porque todavía no tienes la experiencia ni el conocimiento del género para decidir qué estructuras funcionan. Hasta que no lleves unos cuantos tracks y te hayas movido un poco por la escena, es muy probable que no aciertes con eso, igual que pasa con el sonido de la mezcla.

Copia la estructura, monta tu track encima, y cuando ya lleves oficio empiezas a variar. No es hacer trampa: es aprender la métrica del género antes de intentar romperla.

7. Automatizaciones: aquí es donde nace el viaje

Si te llevas una sola cosa de este post, que sea esta: en progressive house la automatización no es un adorno, es la composición.

El género vive de cambios lentos que el oyente no percibe conscientemente pero que le llevan a algún sitio: un filtro abriéndose durante treinta y dos compases, una reverb ganando profundidad a lo largo del track, elementos que entran muy bajos y crecen durante un minuto entero.

Compara el minuto dos de un buen track del género con el minuto seis: no se parecen en nada. Y sin embargo, escuchándolo seguido, no notas ni un salto. Eso es todo el oficio del progressive.

8. Efectos: rellenar y dar vida

Los efectos son lo que hace que la pista quede más llena, más detallista, y lo que le da vida.

El recurso más básico y más eficaz es el ruido blanco, que puede ir en muchos sitios y de muchas formas, sobre todo cuando vienes de una transición. Un barrido de ruido bien colocado antes de un cambio hace más por tu track que tres capas nuevas de sintetizador.

9. La mezcla: contra la referencia, siempre

Esta es la fase donde más se nota el nivel de cada uno, y te lo digo con toda la honestidad: según en qué peldaño estés, vas a escuchar tu track y vas a decir «a mí ya me suena bien».

Y entonces pones la referencia al lado y escuchas todas las diferencias de golpe.

Esa es la prueba, y no hay otra. No se trata de que te suene bien a ti: se trata de que aguante junto a lo que se está publicando en los sellos donde quieres estar. El proceso completo lo tienes en la guía de mezcla paso a paso, y con criterio y ejercicios de oído en el curso de Mezcla.

10. Capas: mejorar lo que ya funciona

Cuando el track ya está mezclado, viene un proceso que casi nadie cuenta: revisar sonido por sonido y ver cuáles se pueden mejorar apilando otra capa encima.

Es difícil de describir porque va por sensación: escuchas la referencia, vuelves a lo tuyo y notas que a la percusión le falta algo. Entonces te vas a buscar un loop de apoyo y lo sumas. No sustituyes: sumas.

Ese «algo» que le falta y que no sabes nombrar es exactamente lo que separa un track correcto de uno que suena a disco.

11. Arreglos: los últimos retoques

Antes del máster hay una pasada final de arreglos, y la forma de hacerla bien es la misma de siempre: escuchar las tres referencias otra vez, comparar constantemente y anotar qué le falta o qué le sobra a cada sección.

Un truco de método: haz esa escucha antes de ponerte a trabajar, con papel al lado, y luego ejecuta la lista. Si escuchas y tocas a la vez, te pierdes.

12. Mastering: descansa el oído primero

Lo último, y empieza por no hacer nada.

Deja el track un día, o dos, sin escucharlo. Si masterizas justo después de producir, tienes el oído viciado y acostumbrado a lo que llevas escuchando toda la semana, y no vas a oír lo que hay que corregir. Esa escucha fresca te va a decir cosas que llevabas días sin percibir.

Es la herramienta más barata que existe y la que más gente se salta por prisa.

Las herramientas que uso

Ya que estamos, te digo con qué trabajo yo en este género, sin postureo:

  • Ableton Live como DAW, con sus dispositivos de fábrica haciendo mucho más trabajo del que la gente cree — el Glue Compressor entre ellos.
  • Serum y Diva para diseño de sonido, y Nexus cuando quiero ir rápido.
  • Drum Clone y Kick 2 para el kick.
  • FabFilter Pro-Q, Soothe y ShaperBox en la mezcla.
  • Ozone en el máster.
  • Splice para buscar loops de apoyo cuando a algo le falta cuerpo.

Ninguna de estas te hace mejor productor por sí sola. Pero saber para qué sirve cada una y cuándo tirar de ella, sí.

Cómo dar el siguiente paso

Con estos doce pasos tienes el mapa completo: sabes qué hay que hacer y en qué orden, y sabes por qué cada cosa va donde va. Eso ya te pone por delante de la mayoría.

Lo que no cabe en un post es el cómo: cuáles son exactamente los tres patrones de percusión del género, cómo se clona y se afina un kick, cómo se montan las automatizaciones para que el track respire durante ocho minutos, qué cadena concreta llevo en la mezcla y en el máster.

Eso es lo que hay en el curso de Progressive House & Deep: doce lecciones en las que construyo un track completo delante de ti, de la primera referencia al máster final, con el paquete de samples incluido para que trabajes con los mismos sonidos que uso yo.

Y si vienes de más atrás, dos cosas te van a acelerar muchísimo el camino: Teoría Musical para que las progresiones dejen de salirte por intuición, y Mezcla para que puedas contestarte tú solo cuando compares con la referencia.

Empieza hoy por el paso 1. Abre Beatport, entra en el top 100 de progressive y elige tres temas. Con eso ya has hecho más que la mayoría.

Ánimo, mucha música y cualquier cosa, no dudes en escribirme!